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Romper convencionalismos

¿Para qué suponer si podemos saber? Hay que avivar el fuego y el coraje del corazón para afirmar algo que no venga del pasado y que rebase a los convencionalismos. Cuando fuimos niños, gateamos. El día que nos pusimos de pie, un cambio radical se afirmó en nosotros. La espiritualidad como se ha comprendido hasta el día de hoy –tan llena de imágenes con pesados significados-, necesita liberarse de supuestos. Las prácticas antiguas tienen un inmenso valor; sin embargo, nuestro camino no es hacia el pasado, sino hacia el futuro.

La oportunidad que hoy tenemos a nivel planetario implica trascender antiguos entendimientos. Todas las conclusiones a las que hemos llegado y los supuestos que continuamente alimentamos limitan nuestra experiencia. Descartamos cientos de opciones por el hecho de guardar prejuicios con respecto a miles de temas: el sexo, el cuerpo, la moral, la religión, la muerte, la ciencia, el conocimiento, etc. Resulta absurdo que sea más importante discutir a partir de nuestras suposiciones que abrirnos a la experiencia de lo nuevo o a la evidencia de algún hecho.

La maestra pidió a sus alumnos que realizaran un ejercicio con una frase que incluyera la palabra “supongo”. El objetivo del ejercicio era evidenciar las posibles situaciones por las que un acontecimiento no ocurrió como se esperaba, aunque uno nunca sabe hasta dónde pueden llegar estos ejercicios porque, como hemos visto, dependen del grado de observación que cada uno tenga –y Pepito es especialista en estos temas.

Después de un momento en el que los estudiantes reflexionaron para escribir su frase, la maestra solicitó a tres participantes que pasaran al frente para decirlas en voz alta.

Joaquín, un niño de clase alta, dijo:

  • “Hoy me trajeron en el Mercedes. Supongo que la camioneta BMW está en el taller o que el chofer la dejó en la casa de playa.”

La maestra y el salón dieron un fuerte aplauso a Joaquín, quien de buen modo y sin despeinarse tomó su lugar nuevamente.

María, una linda niña de clase media, dijo:

  • “Hoy desayuné sólo huevos. ¡Supongo que no hubo tocino ni pan en la tienda porque los tuve que acompañar con frijolitos!”

La maestra y el salón le dieron un fuerte aplauso mientras regresaba sonriendo a su pupitre.

Pepito, un chico de clase baja, de mente rápida y muy perspicaz, dijo:

  • “Esta mañana mi abuelo entró al baño con el periódico. Supongo que para limpiarse después de cagar porque no sabe leer…”

En la medida en la que crecemos, nuestra relación con la autoridad cambia… Y si no cambia, estemos seguros de que no hemos dejado de ser niños aunque tengamos más de 20 años.

 
 
 

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